lunes , 24 noviembre 2025

Bendita y Alabada’: La Jaculatoria que Late en el Corazón del Pilar y de Aragón

Hay lugares en el mundo donde las piedras hablan, donde la historia se respira y donde la fe tiene una banda sonora propia. En Zaragoza, en el corazón mismo de la ciudad bañado por el Ebro, existe un sonido que marca el compás de los días, un himno que se eleva desde las entrañas de la Basílica del Pilar y que se entrelaza con el latir de miles de corazones. No es solo una melodía; es un suspiro colectivo, un grito de fe y de identidad. Es el momento en que, puntual como el sol, el templo entero se llena con las notas solemnes y a la vez jubilosas de ‘Bendita y Alabada’.

Pero, ¿por qué esta canción, y no otra, tiene el honor de sonar cada día? ¿Qué secretos encierra esta tradición que convoca, incluso al más secularizado, a hacer una pausa y elevar la mirada? La respuesta es un fascinante viaje que navega por los ríos de la historia, la teología, la cultura aragonesa y una devoción que ha moldeado un reino. Y para entenderla, debemos comenzar por una palabra poderosa y llena de significado: jaculatoria.

No es Solo un Himno: Es una Jaculatoria, un Flechazo hacia el Cielo

En la riqueza de la espiritualidad católica, una jaculatoria es una plegaria breve, fervorosa y espontánea, que se lanza al cielo como un dardo de amor y alabanza. Es un grito del alma en momentos de alegría, dolor o necesidad. ‘Bendita y Alabada’ es, en su esencia más pura, la jaculatoria mariana por excelencia de Aragón.

Su letra, “Bendita y alabada sea la hora en que María Santísima vino en carne mortal a Zaragoza”, concentra en una sola línea una fe monumental. No es una estrofa de un poema largo; es un acto de devoción rápido, intenso y directo. Esta característica de jaculatoria explica su poder y su facilidad para ser memorizada y recitada por niños y ancianos, por creyentes y por quienes, sin ser practicantes, sienten la llama de la identidad cultural. Es el flechazo piadoso que une el corazón del devoto con el misterio de la Venida de la Virgen.

El Origen de la Jaculatoria: El Milagro de la Venida

Para encontrar el germen de esta alabanza, debemos retroceder hasta el año 40 d.C. Santiago el Mayor, uno de los apóstoles de Jesús, se encontraba predicando en la Hispania romana, entonces tierra de paganos, sintiéndose fracasado y desanimado. Fue junto al río Ebro donde, según la tradición, la Virgen María se le apareció sobre un pilar de jaspe (el Pilar), aún en vida, para confortarle y encomendarle la construcción de una capilla en ese mismo lugar.

Ese instante, esa “hora” a la que la jaculatoria hace referencia, es el pilar fundamental de la fe en Aragón y uno de los dogmas más venerados de la Iglesia en España. La canción ‘Bendita y Alabada’ es la conmemoración musical y colectiva de esa jaculatoria que, durante siglos, los fieles han recitado en voz baja al pasar frente a la Santa Capilla. Es la forma de decir, generación tras generación: “Recordamos. Creemos. Nos maravillamos”.

La Campana que Llama a la Jaculatoria Colectiva: “La Benditera”

Antes de que existieran sistemas de sonido modernos, era una campana la encargada de convocar a los fieles para esta plegaria comunitaria. En la torre noroeste de la Basílica, junto a la Santa Capilla, se encuentra una campana de tamaño medio pero de un significado inmenso: la campana “Benditera” o “de la Oración”.

Su tañido, diferente al de las campanas que marcan las horas o llaman a misa, era el señalado para invitar a los fieles dentro y fuera del templo a recitar la Salve y, por supuesto, la jaculatoria “Bendita y Alabada”. Su sonido era un recordatorio que cortaba la rutina del día en la ciudad. El mercader paraba de contar sus monedas, la mujer interrumpía su labor en el hogar, el niño dejaba de jugar. Todos, donde estuvieran, se santiguaban y recitaban la jaculatoria. Era el sonido de la fe interrumpiendo el mundo secular para elevarlo a lo divino, uniendo a la comunidad en una única voz brevísima y poderosa.

Hoy, aunque el toque manual de la Benditera es menos frecuente, su espíritu perdura. El himno que ahora se reproduce por los altavoces es la evolución tecnológica de aquella campana, manteniendo viva su misión primordial: convocar la jaculatoria de alabanza de manera colectiva.

¿Cuántas Veces Suena al Día? El Ritmo de la Devoción

Esta es una de las preguntas más comunes entre los visitantes. La jaculatoria musical ‘Bendita y Alabada’ no suena de forma aleatoria. Su repetición marca los momentos clave del día en el santuario, creando una cadencia ritual que ordena el tiempo sagrado.

Se escucha cuatro veces al día, coincidiendo con los actos de devoción más importantes:

  1. Por la mañana (alrededor de las 8:00 h): Con el rezo de la Oración de la Mañana. Es el primer «flechazo» de alabanza del día, una forma de consagrar las horas venideras a la protección de la Virgen.
  2. Al mediodía (a las 12:00 h en punto): Un momento mágico. El sol está en lo alto y la Basílica suele estar llena de visitantes. El sonido del himno provoca una pausa instantánea y palpable. Cientos de personas, sin ponerse de acuerdo, dejan de hablar, de caminar, de hacer fotos. Muchos se santiguan, otros recitan la jaculatoria en voz baja y no pocos sienten cómo se les eriza la piel. Es una demostración poderosa de fe colectiva a través de esta plegaria breve.
  3. Por la tarde (alrededor de las 18:00 h, varía según la temporada): Con el rezo del Santo Rosario. Es una llamada a la reflexión y a la meditación en la recta final del día, coronada por la jaculatoria.
  4. Por la noche (a las 20:00 h en punto): Con el canto de la Salve Regina ante el altar mayor. Es la despedida del día, el último acto de amor y alabanza a la Virgen antes de que el templo cierre sus puertas. Para muchos, es el momento más emotivo y solemne de recitar esta plegaria.

Estas cuatro ocasiones no son un número arbitrario. En la simbología católica, el número cuatro representa lo terrenal, los puntos cardinales, los evangelistas… Es un número de universalidad. Así, la jaculatoria se extiende a los cuatro rincones del mundo desde el corazón de Zaragoza, en los cuatro momentos cumbre de la jornada devocional.

Una Curiosidad que Pocos Conocen: La Leyenda de los Ángeles

Existe una preciosa y poco conocida leyenda que circula entre los devotos más antiguos. Se dice que la melodía de ‘Bendita y Alabada’ no fue compuesta por un humano, sino que fue escuchada por un monje sordo que rezaba fervientemente ante la Santa Capilla. En su silencio mundial, Dios le permitió “oír con el alma” la música que los ángeles cantaban sin cesar alrededor del Pilar de la Virgen, una jaculatoria perpetua. Al salir de su éxtasis, el monje, milagrosamente, pudo tararear la melodía a los músicos de la basílica, que la transcribieron para que todos pudiéramos unir nuestras voces al coro celestial.

Aunque es una leyenda, su belleza reside en lo que transmite: la idea de que esta jaculatoria trasciende lo humano, que es de origen divino y que, cuando la cantamos, nos estamos uniendo a una sinfonía eterna.

La Jaculatoria de un Pueblo: Más Allá de la Religión

‘Bendita y Alabada’ ha trascendido su carácter puramente religioso para convertirse en un símbolo de identidad aragonesa. Se canta en las romerías, en las fiestas del Pilar (donde millones de voces la entonan en la Ofrenda de Flores), en las casas de los abuelos y en las celebraciones familiares. Para el aragonés, sea cual sea su grado de práctica religiosa, esta melodía y su texto evocan patria, pertenencia y orgullo.

Es el sonido de la tierra. Es la jaculatoria que resume la historia de Aragón, un reino forjado con espíritu de lucha y una fe inquebrantable que siempre ha tenido a la Virgen del Pilar como estandarte y protectora. Es imposible separar la cultura aragonesa de su devoción pilarista, y ‘Bendita y Alabada’ es la máxima expresión de esa unión indisoluble.

Conclusión: Cuando Suene la Jaculatoria

La próxima vez que camines por la plaza del Pilar y el reloj marque las doce del mediodía o las ocho de la tarde, detente. Espera. Deja que el ajetreo de la ciudad se desvanezca por un momento. Cuando las primeras notas de ‘Bendita y Alabada’ empiecen a fluir desde la basílica, cierra los ojos y escucha de verdad.

No escuches solo una melodía. Escucha una jaculatoria de dos mil años. Escucha la fe de incontables generaciones lanzando su flechazo de amor hacia el cielo. Escucha la leyenda de Santiago y la Venida de la Virgen. Escucha el tañido de la campana Benditera llamando a los fieles. Siente la identidad de un pueblo entero, fuerte, noble y testarudo como su tierra. En ese instante, no serás un mero espectador; serás parte de una cadena dorada de fe y cultura que une el pasado con el presente, lo humano con lo divino, la tierra con el cielo.

‘Bendita y Alabada’ es, en definitiva, la jaculatoria que es el latido del Pilar. Y, por extensión, el latido del alma de Aragón.

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